Juventud, divino tesoro

Milei

Juventud, divino tesoro

La construcción de la memoria es política, y la política se construye desde la memoria. Esta relación se encuentra en disputa. El actor central de esta disputa es la juventud, que no defrauda.

En una entrevista que dio en TN el 25 de marzo, el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, caracteriza lo esencial de su concepción de memoria, de militancia, de juventud y de derechos humanos:

“Hay que respetar los derechos humanos, pero de todas las personas. Cualquier muerte que sea causada por otro ser humano por otro, no importa en que situación, es digna de ser castigada. Entonces hay que mirar la historia siempre completa, no es que estoy de un lado o de otro. Pasaron cosas, fueron muy malas, hubo unos en nombre del Estado, unos en nombre de una revolución vayan a saber… que tiene 50 años … me llama la atención que haya chicos de 20 o 18 años, que no tuvieron nada que ver, que no vivieron nada ni tienen ningún familiar y se los ve. Es como que los han ideologizado en vez de generarles una sensación de futuro, digo miremos para otro lado, eso ya fue.”

Martín Menem expresa una visión profundamente individualista de la sociedad que no permite comprender actores colectivos. Es por eso que individualiza los asesinatos y los escinde de tiempo y espacio. Es así que son eventos sin comprensión de su contexto y, por lo tanto, despolitizados.

Es imposible comprender genocidios y procesos sin contexto. No es posible comprender cada uno de los seis millones de asesinatos del nazismo mediante la individualización de sus víctimas y victimarios. Tampoco es posible entenderlos sólo por personas aisladas que lo hacen “en nombre del Estado” y no como planes sistemáticos o -al menos- como proyectos políticos.

Esta desvinculación lo lleva a sorprenderse por la enorme masa de miles de jóvenes que colmaron plazas en todo el país. Porque estos jóvenes “que no tuvieron nada que ver, que no vivieron nada, no tienen ningún familiar y se los ve” fueron protagonistas de una movilización histórica. Es un nuevo choque de este gobierno contra la política real. Porque la ideología y la cultura van mucho más allá de lo sensorial, o mejor dicho es lo que permite la trasmisión de lo vivido.

Mateo de 16 años, que vivió este domingo su primera marcha, nos trasmite que “fue una poderosa herramienta de expresión y comunicación (…) a pesar de las diferencias nos une un ideal en común el de nunca más a los desaparecidos, asesinados, torturadores, perseguidos, prohibidos, entre tantos otros por eso nunca más al fascismo”. La carga conceptual da cuenta de que estos pibes tienen mucho que ver con eso que pasó hace 50 años. Porque no es posible entender su crónica sin un bagaje que se construye durante y después del golpe.

Es entonces imposible pensar sólo en individuos aislados y omitir construcciones colectivas. Y sin esas experiencias, sin esa memoria colectiva, sin esa interacción entre el sujeto individual y sujeto social, el discurso es solo texto. La socióloga Soledad Montero (2007), va a decir que toda producción discursiva se efectúa en las condiciones determinadas de una coyuntura; y pone en movimiento, hace circular, formulaciones anteriores, ya enunciadas. A su vez que la memoria de ese pasado y su enunciación en el presente, se vincula necesariamente con identidades políticas e ideológicas de quien enuncia.

Cielo, de 19 años, nos cuenta una historia más relacionada con su militancia:

“este año fue la primera vez que participo en marchas de manera organizada y no independiente, pero particularmente este 24M fue la primera vez que participo en general. Hacerlo junto a mi partido, teniendo en cuenta el papel que jugó en esa etapa (la dictadura) y el rol que tiene hoy, fue muy emocionante. Al sentimiento de estar acompañada por un movimiento tan vivo y grande, se le suman los distintos motivos que dió Milei para tener que estar ahí: dar vuelta su discurso. Me hizo entender que esa lucha que yo entendía terminada, no era así; y que estar ahí el 24 era algo super importante y casi una obligación histórica.”

En el relato de Cielo se expresa un desarrollo colectivo y político de la historia y -por lo tanto- de la memoria. Este gobierno entiende ampliamente este desarrollo;  el los simbolismos, la memoria y la construcción de la misma. Es un proyecto que se presenta como refundacional de la Argentina. Genera un aspecto de nueva institucionalidad asemejando su logo con el de Estados Unidos, propone un “acuerdo de mayo” con 10 puntos a firmarse el día que se cumplen 214 años de la revolución de 1810, habla de volver a la Argentina de 1910, etc.

Es por eso que sabe que hay partes centrales de su discurso y de su programa que es difícil que “hagan pie” sobre la memoria colectiva de estas tierras. Una de estas partes es la reivindicación del proyecto de la dictadura; porque no empalma con la identidad de nuestro pueblo. Eso explica lo poco relevante y vergonzoso del video publicado el 24 de marzo por la presidencia; y que busque que “miremos para otro lado, ya fue”.

Sobre esto, mucho se ha hablado de Villarruel, del carácter represor de su padre y de la reivindicación de su parte del proyecto de la dictadura. También se ha desentrañado su proyecto político propio, ligado a la ex SIDE, ex represores y fuerzas armadas. Pero, lejos de ser principal la división entre este sector y los demás sectores que conforman el gobierno nacional, los planes represivos, el odio a los sectores populares y la persecución ideológica suceden aún sin la hegemonía de Villarruel.

La esperanza

“Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica; pero ir avanzando en los caminos de la vida y mantenerse como revolucionario, en una sociedad burguesa, es difícil”

pronunció Salvador Allende ante jóvenes universitarios mexicanos en 1970. Allí, refiere a la necesidad de acción consiente y firme de la juventud en constante relación entre la teoría y la práctica; y aclara que no será causa revolucionaria y el factor esencial, pero que sí incorpora a un aire libre de los “vicios que traen los años de convivencia burguesa”. Sobre esto tenemos repetidas experiencias en la Argentina.

En nuestro país no sólo tenemos la experiencia de la juventud setentista. Podemos nombrar experiencias incluso anteriores como los levantamientos por la reforma universitaria de 1918 o posteriores como la juventud del 2001. Pero si hay un momento en que la revolución parecía estar “a la vuelta de la esquina” fue en los 60/70 en América Latina y en la Argentina, donde incluso los actores socialdemócratas como Karakachoff (fundador de la Franja Morada) hablaban de “liberación nacional” y “antiimperialismo”. Algo lógico en un mundo en que un 1/3 de su población vivía en diferentes versiones de socialismo y con la experiencia de una flamante revolución cubana.

Desde hace unos meses escuchamos hablar sobre que la juventud se derechizó, que votó a Milei y que el porvenir va a estar signado por la reacción. Pero es una juventud que sólo vivió el empeoramiento de sus niveles de vida y de empleo y que estudie o trabaje va a tener un peor pasar que sus padres. De esa juventud hablamos, de una que posiblemente se acercó a la política mediante procesos que después la defraudaron; que vivió la pandemia y la atomización de sus vínculos en plena adolescencia.

La juventud siempre es un termómetro del momento político. Por eso el miedo de Martín Menem al carácter revolucionario de la juventud y al sentimiento empático con jóvenes de épocas pasadas. Porque no es –sólo- que los jóvenes de hoy levanten consignas emancipadoras de otras épocas, sino que se representen con la capacidad de agencia para cambiarlo todo.

Y es así que, aunque parezca contradictorio un gobierno que levanta a Alberdi y la Argentina de 1910 mientras acusa de viejas a ideas que enarbolaron sus padres, hay que entenderlo en su contexto. Porque el proyecto de Milei es imposible con una juventud movilizada, que discute, que conoce su pasado y construye un discurso propio. Porque el proyecto de Milei es imposible con memoria.