¿Qué pasa en la Patagonia?

Milei

¿Qué pasa en la Patagonia?

¿Vamos hacia una Balcanización? ¿Es el gobernador Torres el garante un proyecto emancipador de unidad nacional? ¿Es el fin del porteñocentrismo? Adelantamos que no vamos a dar respuestas concretas y cerradas, sobre todo porque no hacemos futurología. Pero sí creemos que es necesario profundizar sobre el tema.

Gustavo Gutscher

Pensar en gobernadores “revelados” o en tensión con el ejecutivo nacional no es la primera vez que sucede en Argentina. Lo que sí es nuevo es un ejecutivo nacional que no entiende ni valora a las provincias. Un gobierno nacional que desconoce la política por fuera de Twitter y que no para de chocarse con la política real.

La Argentina es un país profundamente federal y diverso que desde sus comienzos la disyuntiva entre el gobierno central y los gobiernos provinciales estuvo en tensión. El carácter dependiente de la Argentina de países imperialistas, le agrega una complejidad mayor -y central- a esta disputa de nuestras tierras. Los terratenientes históricamente encontraron intereses coincidentes con potencias extranjeras: una Argentina especializada en materias primas agrarias y alimentos que importa todo lo demas; y bajo esta premisa se afianza el esquema social, económico y político del Estado argentino moderno.

El petróleo, el gas y minerales generan otro espacio de conflicto. Incluso desde antes de la revolución de mayo; pero, sobre todo, desde comienzos del siglo XX: quién, cómo y para quién se explotaban son debates constantes. Existe un péndulo que se mueve entre medidas de explotación exclusiva del Estado, con gran presencia y empresas estatales -como YPF-, complementados con proyectos soberanos de industrialización; y medidas que liberalizan la explotación, retiran empresas y controles estatales y promueven la presencia de empresas extranjeras. En el medio pasa por un sinfín de proyectos.

En 1994, la nueva constitución neoliberal genera el mejor de los mundos para los monopolios extranjeros. La federalización de los recursos mineros y petroleros, da a las provincias la potestad en la discusión de las condiciones de explotación, lo que las deja en un plano de total asimetría estructural ante empresas oligopólicas. Pero también, el retiro del gobierno nacional fue acompañado con una flexibilización de la legislación; pero no dejó de sostener la infraestructura necesaria para exportar lo extraído. La discusión transcurre entonces entre las elites de provincias muchas veces ahogadas presupuestariamente por la nación; y firmas oligopólicas.

Según Fernández (2012), esta reestructuración funcional y escalar del Estado conlleva que las provincias deban entablar las negociaciones con empresas, Estados extranjeros y el Estado Nacional; pero también, una disputa entre las provincias por cuál ofrece condiciones más atractivas para las empresas. En este sentido, el impulso productivista y mercantilista, generó que las condiciones contractuales y laborales, los controles ambientales, etc. se volvieran moneda de cambio entre empresas y provincias. No debemos dejar pasar que este proceso no se da en un país central, sino en un país dependiente como Argentina, lo que genera que estas elites provinciales muchas veces auspicien de intermediarios entre el gobierno provincial y las empresas.

Patagonia, la gran disputa.

Ignacio Torres es un joven dirigente del Pro en Chubut. Fue apoyado tanto por Larreta como por Bullrich y tiene buena relación con Mauricio Macri y no quiso decir su voto en el Balotaje. En su corta gestión se jacta de recortar puestos en el Estado para la reparación de escuelas. Desde fines del año pasado, fue uno de los que impulso el grupo de gobernadores de la Patagonia que ahora llaman Provincias Unidas del Sur (sí, PUS).

A este grupo de gobernadores lo conforman, además de Torres, Rolando Figueroa, del Movimiento Popular Neuquino ; Claudio Vidal (Santa Cruz), de SER -un partido provincial apoyado por el PRO local-; Gustavo Melella de Tierra del Fuego, pertenece a Forja, se presentó con el Movimiento Popular Fueguino y apoyó al FDT; Sergio Ziliotto (La Pampa) de Juntos por el Cambio; y Alberto Weretilneck de Río Negro (Juntos Somos Río Negro). Como vemos, de distintos sectores políticos, algunos incluso han apoyado a Javier Milei.

Esta conformación no es novedosa, la Constitución Nacional propone la regionalización “para el desarrollo económico y social y establecer órganos con facultades para el cumplimiento de sus fines y podrán también celebrar convenios internacionales” como contrapeso de la provincialización de los recursos naturales que vimos anteriormente. Es así que hace más de 20 años que existe la asamblea de gobernadores del Norte Grande y de la Región Centro con fines comunes. Esto se vuelve un arma de doble filo: más fuerza para negociar, incluso de imponer precios estándares y la posibilidad de establecer un mismo proyecto común; pero también puede hacer más difícil salirse si uno es minoría. 

Los gobernadores patagónicos plantearon un manifiesto que brega por “fortalecer y consolidar nuestra región, reconociendo nuestras similitudes y celebrando nuestra diversidad” y entre sus objetivos: “compromiso irrenunciable de integridad territorial, que comprende no sólo la región continental, sino también los territorios insulares y la Antártida, son algunas de las áreas que nos obligan a pensar soluciones y posicionamientos comunes.”. La primera aparición pública fue un reclamo a Alberto Fernández por la quita de los fondos coparticipables, luego de los cambios en el Impuesto a las Ganancias. Esto fue hacia noviembre del año pasado, en el ocaso del gobierno del FDT.

Ya con Milei en el Gobierno se opusieron a los cambios que la Ley Ómnibus propone para la Ley de Pesca y para la Ley de Hidrocarburos- a favor de las empresas y en contra de las provincias-. Aún con estos puntos, algunos gobernadores -como Torres- apoyaron la Ley. A esto hay que sumarle la retirada de YPF de algunos pozos de Chubut, de los cuales el gobernador exige pago de pasivos ambientales; así como la presión de parte del gobernador para que explote los pozos concesionados. Hay que decir que Torres se pronunció en contra de la privatización de YPF.

La represaría de Milei por la caída de la Ley Ómnibus “cortó ancho” los fondos provinciales. A Chubut le recortó subsidios y fondos destinado el transporte y a educación. Pero también, la nación se cobró una deuda que tenía la provincia, y de manera inconsulta, no giró el pago de 1/3 de la coparticipación que le corresponde a Chubut. Torres arguye que desde que asumieron quisieron renegociar el pago de dicha deuda, pero no encontraron respuesta por parte de Nación.

Es así que se aparecen las “Provincias Unidas del Sur” con un comunicado que pide por la coparticipación a las provincias y la devolución de los fondos a Chubut; y advierte que, si no se cumple, la provincia no entregará petróleo ni gas. A este comunicado lo apoyaron en bloque todos los gobernadores de Juntos por el Cambio -incluido Jorge Macri- y todos los gobernadores del peronismo, excepto Jaldo de Tucumán que no se pronunció.

Los gobernadores le suman a esto un proyecto importante que cambiaría el sector energético de la Argentina: Energía Patagonia SA. Esta empresa, impulsada desde le PUS buscaría equilibrar las asimetrías que modelo petrolero presenta para la región, abordadas en la primera parte de esta nota. Así, las disputas entre provincias amainarían. Es decir que los acuerdos ya no buscarían “cortar en tajadas”, sino que obligaría a acuerdos amplios.

Algunas repercusiones del PUS:

Todos contra el ajuste de Milei. Todos los gobernadores, excepto Jaldo, lo apoyaron. El plan de Milei ya tuvo su primer revés con la ley Ómnibus. Un paro nacional masivo y un gran debate hizo indigerible un ajuste de tal magnitud. Dejó imágenes icónicas como De Loredo (UCR) llorando porque, aunque hizo mucho esfuerzo, la ley no salió.

El gobierno nacional “cantó retruco” y quiere que el costo político del ajuste lo asuman los gobernadores. En señal de venganza recortó fondos destinados a las provincias con la eliminación de subsidios y del Fonid; el fin de las transferencias discrecionales y de fideicomisos que eran de fomento al desarrollo; la disminución de la coparticipación, etc.. Todo mientras congeló jubilaciones y salarios. Esto le permitió alcanzar en enero un superávit fiscal mentiroso, a costa de un país que cada vez cuenta más pobres.

Es un gobierno profundamente unitario, que se apropia de los impuestos como propios y desconoce de realidades provinciales. A la par que culpa a gobernadores por no llegar al equilibrio fiscal en un momento de crisis y corta canales de diálogo con ellos. Los gobernadores entienden que el modelo de Twitter no tiene correspondencia en la realidad. El recorte libertario es mucho mas que una reducción de la planta del Estado. Pone en cuestión el funcionamiento mínimo del mismo.

Hay divisiones en Juntos por el Cambio -si es que todavía existe- y el Pro. Macri se juntó con Torres antes del comunicado se habla de que lo habrían planeado juntos. Por su parte, Bullrich estaría juntando firmas dentro del Pro para apoyar a Milei.

¿Rebelión? Torres no es justamente un militante por la liberación nacional y popular. Es un gobernador que hace alarde de ajuste que realizó en el Estado y apoyó la Ley Ómnibus. Pero se para sobre las necesidades reales que causa el ajuste de Milei. Es más, cuando anuncia que iba a cerrar la canilla desde Chubut, lo hace en una marcha por la reincorporación de petroleros despedidos por YPF. Luego de eso se arrogó la voz de sindicatos y empresarios que lo apoyaríoan en la medida.

Sobre esto se dieron diferentes cruces. En La Nación+ intentaron acorralarlo para pegarlo al sindicato; Guillermo Moreno en C5N fue muy claro “que el gobernador resuelva, pero con la gente en la casa”. Un arreglo “por arriba” -de elites- que viene proponiendo hace rato. Kicillof dijo que con las medidas de este gobierno “está en juego la unidad nacional y la Constitución Argentina” y que “tomará todas las medidas y caminos que sean necesarios para la devolución de los fondos que Nación recorta a provincias.

Ahora bien, recién estamos en febrero, con Milei en el gobierno, un Macri agazapado y un recorte de grandes magnitudes. Ya sucedió un paro general y estaríamos en vísperas de uno nuevo. Esta tormenta parece que recién se está armando y corremos el riesgo que cuando aclare ya hayamos perdido mucho.

Balcanización. Mas allá del meme, la idea de que las provincias patagónicas se separen no pareciera suceder. En principio porque -aunque con un nombre fuerte- no lo anunciaron; y por tradición política de los gobernadores, por el apoyo que recibieron y por los valores que enarbolan, no pareciera que se pronuncien por una ruptura con el Estado Nacional. Esto sin negar las presiones extranjeras para que suceda. Son distintos los planes para la apropiación de nuestra Patagonia, con avance de una pista de aterrizaje de Joe Lewis y una Base Militar china. Es un territorio geoestratégicamente situado en el único paso natural entre el Pacífico y el Atlántico, cerca de Malvinas y la Antártida. Y que si se tiene en cuenta la bicontinentalidad de la Argentina nos corta en dos.

Pero justamente por eso, la unidad de estos gobernadores bajo principios soberanos da más fuerza a la región ante los avances foráneos y no menos. Sin ir más lejos, Gustavo Melella de Tierra del Fuego fue el único que se pronunció con fuerza contra la visita de Cameron a las Islas Malvinas. Hoy en día, como vimos, la capacidad de maniobra de las provincias es poca y la entrega – por necesidad- cada vez mayor. A la Patagonia la comen en tajada.

Cambiar el modelo. El modelo actual no permite un proyecto de país soberano. Las provincias pelean por venderse y lograr la supervivencia. Ante esto, la unidad regional parece ser el reparo que encuentran tanto para la discusión con países y empresas extranjeras, como con el gobierno nacional. Indubitablemente que la regionalización puede estar al servicio de un modelo de desarrollo soberano, o un modelo de espoliación de la Argentina. Por eso parece necesario volver a la planificación central como sucede en todas las economías que lograron un desarrollo próspero.